El conocimiento como activo intangible: modelos y formas
Dentro de los activos intangibles, podríamos calificar al conocimiento como el astro rey. El conocimiento lo pueden asimilar las personas de dos maneras diferentes, como son la formación y la experiencia. Formación y experiencia son dos actividades que se complementan, ya que mientras en la formación las personas no pueden tener el control sobre cómo reciben la información que deben de asimilar, mediante la experiencia es el propio sujeto el que lleva a cabo una reelaboración personal – mediante la práctica – a la hora de asimilar conocimientos, ya sean estos teóricos o prácticos.

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Dentro de la competencia laboral de cada trabajador es necesario establecer una definición de lo que significa saber, saber hacer y querer. Con anterioridad a la asimilación de cualquier competencia es necesario que el propio trabajador tenga claro cuáles son sus fortalezas y debilidades, la capacidad de introspección y el control de las emociones. Finalmente el adagio clásico de Conócete a ti mismo es fundamental para que la persona organice su aprendizaje y aumente su productividad laboral.
Cuando hablamos de saber nos estamos refiriendo a las competencias laborales producto de los conocimientos académicos que normalmente se adquieren durante la etapa de formación de la persona. La formación puede ser técnica o teórica que se ha llevado a cabo mediante la asistencia a cursos o mediante los libros de texto, tanto en la enseñanza reglada como en la formación profesional.
El saber hacer son los conocimientos prácticos que no se adquieren de un modo directo sino mediante la experiencia laboral, la resolución de problemas y el adiestramiento en el desempeño laboral. Este tipo de conocimiento se encuentra circunscrito al contexto laboral de cada persona. Los conocimientos prácticos incluyen conocimientos procedimentales de cómo desarrollar el trabajo.
Imagen: outcast104

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